lunes, 8 de abril de 2013

Esa guirnalda de rosas, hija...

Esta composición está documentada en un pliego suelto que circuló en el siglo XVI:

- Esa guirnalda de rosas, hija, ¿quién te la endonara? 
- Donómela un caballero que por mi puerta pasara; 
  tomárame por la mano, a su casa me llevara, 
  en un portalico oscuro conmigo se deleitara. 
  Echome en cama de rosas en la cual nunca fui echada, 
  hízome, no sé qué hizo, que de él vengo enamorada; 
  traigo, madre, la camisa de sangre toda manchada. 
- ¡Oh, sobresalto rabioso!, ¡que mi ánima es turbada! 
  Si dices verdad, mi hija, tu honra no vale nada, 
  que la gente es maldiciente, luego serás deshonrada.
- Calledes, madre, calledes, calléis, madre muy amada, 
  que más vale un buen amigo que no ser mal maridada. 
  Dame el buen amigo, madre, buen mantillo y buena saya, 
  la que cobra mal marido vive malaventurada. 
- Hija, pues queréis así, tú contenta, yo pagada.

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